Las Illes Balears están experimentando un cambio en el perfil del visitante que amenaza el equilibrio del sector turístico tradicional. Cada vez más viajeros optan por comprar en supermercados para cocinar en sus apartamentos vacacionales, reduciendo así el gasto destinado a restaurantes y bares. Esta tendencia ha encendido las alarmas en el sector hostelero, que ve cómo parte del gasto turístico se traslada de sus establecimientos a las grandes superficies.
El alquiler vacacional cambia de perfil económico
Pedro Fiol, presidente de la Agrupación Empresarial de Agencias de Viajes de Baleares (AVIBA), confirma que el fenómeno del «turista de supermercado» se ha consolidado en las islas. «Estamos observando un cambio en determinados perfiles de alojamiento. Tradicionalmente se asociaba el alquiler vacacional a un visitante con mayor capacidad de gasto. Sin embargo, ahora cada vez hay más viajeros comprando en los supermercados para reducir el presupuesto destinado a restauración», explica el dirigente sectorial.
Este cambio de comportamiento refleja una realidad económica más amplia: el perfil del turista que visita el archipiélago está mutando, y su objetivo principal pasa por ahorrar para poder afrontar el coste del viaje. El encarecimiento del transporte y el alojamiento ha provocado que muchos visitantes lleguen a las islas con un presupuesto más ajustado para el gasto diario.
El verdadero reto: la capacidad de gasto complementaria
Fiol identifica el problema de fondo que enfrenta la industria turística balear: «La verdadera cuestión es si, después de pagar un transporte y un alojamiento mucho más caros que hace unos años, todavía dispone de capacidad económica para consumir en la oferta complementaria del destino. Ese es, a nuestro juicio, el principal reto que afronta actualmente el sector turístico de Baleares».
Esta problemática afecta directamente a restaurantes, comercios y al conjunto de servicios que conforman el ecosistema turístico balear. El incremento de precios en los eslabones básicos de la cadena —vuelos y alojamiento— estaría provocando que los turistas ajusten el gasto en otros conceptos para poder seguir visitando las islas.
El todo incluido, absuelto como chivo expiatorio
Frente a las críticas recurrentes contra el régimen de todo incluido, Fiol desmonta el argumento de que esta modalidad sea responsable de la reducción del gasto en hostelería local. «No es el problema, aunque durante años se le ha señalado como una amenaza para la economía local», sostiene.
El presidente de AVIBA argumenta que el todo incluido tiene un coste superior respecto a otros regímenes y que quienes lo contratan están dispuestos a realizar un desembolso mayor para disfrutar de unas vacaciones con más comodidad. «Además, la experiencia nos dice que muchos de estos clientes siguen queriendo disfrutar de la gastronomía local», añade, lo que contradice la idea de que estos huéspedes permanecen encerrados en sus hoteles sin gastar fuera.
Implicaciones para el modelo turístico balear
El auge del turista que cocina en apartamentos plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo turístico de las Illes. Si bien el número de visitantes sigue siendo elevado, la cuestión del gasto medio por turista cobra especial relevancia cuando ese gasto se concentra en grandes cadenas de supermercados en lugar de distribuirse entre el tejido empresarial local formado por restaurantes, bares y comercios.
Este fenómeno se produce en un contexto en el que las reservas hoteleras anticipadas han caído a su nivel más bajo del año, lo que añade presión al sector. La ecuación entre cantidad de turistas y retorno económico real para el destino se vuelve cada vez más compleja, especialmente cuando el encarecimiento general obliga a los visitantes a recortar gastos en actividades complementarias que tradicionalmente han sido fundamentales para la economía balear.
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